júlia navarro

sobre cómo la idea de "lo correcto" ha marcado mi camino

una de las cosas más importantes que aprendí en la carrera fue que, en la práctica, la ciencia es imperfecta. ningún resultado es válido si no va acompañado de su incertidumbre.

sobre cómo la idea de "lo correcto" ha marcado mi camino
sobre cómo la idea de "lo correcto" ha marcado mi camino Júlia Navarro

Desde pequeñita me obsesiona la idea de que, en algún momento —en el momento justo antes de morir, por ejemplo— se me aparecerá un señor para confirmarme todas las cosas que, como humanidad, sabemos y son ciertas, y me dará las respuestas a todo aquello que creemos saber pero que es erróneo o no hemos podido demostrar hasta la fecha. Es decir, me dirá lo que es correcto y lo que es incorrecto sobre el porqué de las cosas. Me dará todas las respuestas a las preguntas sobre cómo funciona el mundo, la vida, el universo, la naturaleza y todo lo que nos rodea.

Sigo teniendo una imagen clara de este señor imaginario grabada en mi memoria. Veo solo su cabeza, a lo lejos, sobre un fondo oscuro. Sus rasgos están perfilados por una luz y tiene el pelo largo. Se parece mucho a la imagen que me enseñaron de Dios, pero no es Dios.

Me acordé de esto mientras reflexionaba sobre el papel que lo correcto ha tenido en mi vida, sobre cómo cada vez entiendo mejor cómo la idea de lo correcto ha ido marcando mi camino. Y ahí me di cuenta de que esta necesidad absoluta de saber lo que era verdad me viene de muy lejos. Basé mi personalidad en perseguir resultados que eran objetivamente correctos. Y no me refiero solo al hecho de haber ido tomando decisiones que entraran dentro de lo que se considera correcto, sino a la satisfacción que me daba el ver que lo que hacía estaba bien y no cabía lugar a dudas.

Siempre que me preguntaban por qué había estudiado Física yo no sabía muy bien qué responder. Sinceramente, no sabía muy bien por qué lo había hecho. La justificación siempre iba ligada a que era algo que abría muchas puertas, a que como no sabía muy bien qué estudiar, escogí Física porque podría hacer cualquier otro máster más tarde para enfocarme hacia lo que me gustase.

Por un lado, estudié Física posponiendo una decisión. Por otro lado, estudié Física porque era la decisión correcta en ese momento, un momento en el que tenía que hacer lo que tocaba.

Yo era una estudiante “de ciencias”, y me encantaba estudiar y entender las cosas. Pero ahora que lo veo con perspectiva, llego a la conclusión de que no me gustaba tanto entender el mundo como resolver problemas que tenían una solución correcta. Y esto me ha costado mucho llegar a entenderlo. Mi cerebro vivía a base de chutes de dopamina inyectada por un resultado objetivamente correcto: una solución única y perfecta a la que yo era capaz de llegar, porque lo entendía, porque sabía hacerlo.

En cambio, hacer un examen de filosofía o lengua no me daba la seguridad que me daba resolver un ejercicio matemático. Cuando desarrollas un comentario de texto, por ejemplo, no hay que saberse una fórmula. La respuesta es, dentro de lo que cabe, subjetiva. Y eso me creaba inseguridad: el no saber si lo sabía, el no saber si lo estaba haciendo bien. Para mí, la precisión era un requisito.

Es curioso que una de las cosas más importantes que aprendí en la carrera fue que, en la práctica, la ciencia es imperfecta. Ningún resultado es válido si no va acompañado de su incertidumbre. La precisión es muy relativa. En papel todo es muy sencillo, pero nunca podremos medir una magnitud en condiciones ideales. La realidad es que nunca hay un resultado correcto, simplemente un resultado que está dentro de unos márgenes que consideramos aceptables y, por ende, correctos (pero en absoluto perfectos).

¿Dónde queda la perfección cuando no puede medirse? ¿Qué es lo correcto cuando no puede calcularse?

bueno, teóricamente la propagación de la incertidumbre sí que puede calcularse.

Desde siempre he observado la creatividad, el arte, de reojo. He tomado distancia, lo he atribuido a los otros, a la gente creativa. Ahora entiendo que no es porque yo no lo fuera, es porque no era capaz de lidiar con la incertidumbre de no tener una única respuesta, la solución correcta, una manera rigurosa de decir las cosas, un método conciso y estipulado que poder seguir cuando no sabes cómo empezar. En la creatividad no hay una respuesta perfecta. Sin embargo, Mario Vargas Llosa dijo que “el mundo de la literatura, el mundo del arte, es el mundo de la perfección, es el mundo de la belleza”. Pero a mí me daba miedo pintar y salirme de la raya, no hacer una línea recta, recta, porque, a mi parecer, así no estaba bien. Y a mí me daba miedo que unos ojos ajenos juzgaran mi creación de manera subjetiva y que ese juicio fuese negativo.

A día de hoy sigo sintiéndome así, pero hasta ahora no lo entendía. Ahora entiendo que busco la perfección en los ojos de los demás, no en los míos. Me siento segura en la validación externa, en seguir las reglas. Me da miedo la burla, sentirme avergonzada. Sigo teniendo miedo a crear, a exponerme, porque eso me hace vulnerable.

A día de hoy sigo buscando esa solución única y perfecta en todos los aspectos de mi vida, y sigue sin entrarme en la cabeza el hecho de que todo resultado viene acompañado de una incertidumbre que, quizás, podemos minimizar, pero nunca podemos desestimar. Sigo sin entender que no hay una manera de hacer lo correcto.

Ahora entiendo que para mí sentirse a salvo significa resolver algo de lo que ya conocemos la solución, como en los ejercicios de matemáticas. Pero mi cerebro no se entera de que la vida no va de eso. En la vida hay problemas y la solución es una verdadera incógnita. La vida es un toma y daca; la solución es prueba y error.

Ahora entiendo que quizás la perfección está en abrazar la incertidumbre, la experiencia humana, y hacerla nuestra: convertirla en una creación artística perfecta a nuestros propios ojos. Quizás la perfección está en guiarnos por la intuición. Quizás lo correcto es no pensar en lo que es correcto.

Quiero borrarme la imagen de este señor iluminado que se me aparecerá en mi lecho de muerte para desmentirme que el universo se creó con el Big Bang y explicarme cómo se genera la conciencia o cómo aparecieron las primeras formas de vida.

Quiero reemplazar esta imagen por otra, esta vez de una mujer (que seguramente se parecerá a mi madre), que se me aparecerá para confirmarme que nada es perfecto; que todo lo que hice mal, o todo lo que no hice, fue lo mejor que podía hacer en su momento. Vendrá a decirme que lo hice bien, que lo estoy haciendo bien, aunque no me lo parezca; que la perfección solo existe a los ojos de quien quiere verla.

- jú.

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Júlia Navarro

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