júlia navarro

os juro que soy una tía divertida

hoy dejo que escriba mi alter ego de 14 años.

os juro que soy una tía divertida
os juro que soy una tía divertida Júlia Navarro

Os juro de verdad que en la vida real soy una tía divertida. Probablemente nadie que solo me lea lo diría. Generalmente, lo que me mueve a escribir es la nostalgia, los miedos y la rabia. Pero lo que se me enciende cuando sujeto un vermut (o un gintónic) es otra cosa.

Hoy vengo a revelarme contra mi misma y voy a dejar que escriba mi alter ego de 14 años que me ha acompañado estas últimas cuatro semanas en Madrid. Y lo peor es que no sé como empezar. Ha sido divertidísimo y siento que no sé cómo escribir algo así. Tengo un problema (!!!).

Siempre he sido amiga del todo por la anécdota, de las decisiones cuestionables, de andar sobre la línea del quizás de esto me arrepienta, pero siempre he pregonado el mejor arrepentirse de haberlo hecho que de no haberlo hecho. Llega un momento en la vida en el que todo se pone más serio y la gente empieza a decir que “mañana quiere aprovechar el día”. La vida adulta se vuelve pegajosa y nos olvidamos de una cosa muy importante: ¡¡Podemos hacer lo que nos dé la gana!!

¿Cómo podía estar con 14 años negociando la hora de volver a casa y ahora con 30 me la impongo yo? ¿En qué me he convertido?

Vivo en un país donde la vida nocturna no me llama. Me falta letra y ritmo. Llegué a creerme que ya se me había pasado la edad, que ya no me apetecía, pero después de estar un mes en Madrid he confirmado que estaba más bien equivocada. Que no es que no me guste salir, es que no me gusta salir en Holanda.

Llevaba poco más de 24h en esta ciudad cuando al acabar de cenar y tomar algo con unos amigos, todos se fueron a casa. Yo no tenía grandes intenciones para la noche, ni muchas expectativas, pero no me podía ir a la cama después de un gintónic como si de un Cola-Cao se tratara. Le escribí a C, que justo estaba en un bar a 10 minutos de donde yo estaba. Salté de grupo y la noche estaba justo empezando.

Le pedimos tan buenas canciones —de reggaeton, faltaría más— al camarero que ponía la musica que empezó él a preguntarnos por más. De ahí intentamos ir a un club en el que había mil horas de cola para entrar, pero eso no nos frenó. Encontramos otro bar donde tomarnos ella otra cerveza, y yo otro gintónic, mientras se cocía nuestra siguiente gran decisión.

He tenido la suerte de encontrar a una partner in crime, otra persona que se encuentra de vuelta a su adolescencia —gracias C por sacarme de parranda. Fue ella la que tuvo la gran idea de ir a un garito donde solo ponían temazo after temazo (¡¡acompañados de videoclips!!). El canto del loco, Chenoa, Extremoduro, La Oreja de Van Gogh, Ska-P,… you name it. The place to be. The place to desmelenarse y cantar a grito pelao. El lugar donde nunca te esperarías que un Guardia Civil (fuera de horario laboral) acabase tirándote la caña pero this is Madrid y eso pasó. Solo buenas anécdotas.

y yo no sé si voy a saber no estar en madrid.

Llegué a casa a las 7 de la mañana y a las 11 estaba de brunch con mis amigas, aún levemente alcoholizada. Como os decía, 14 años he tenido. Nada más revitalizante que unos buenos pancakes y una buena siesta viendo Younger. Bueno, mentira. Unos buenos churros con chocolate. Eso lo comprobé el sábado siguiente, que tocó hacer turisteo por Madrid después de bajar la persiana el viernes a las 4am en un karaoke que de tan feo era icónico.

Antes del karaoke, fuimos al concierto de Sen Senra. También fui al concierto de las Hinds con D la semana de después. Y la semana siguiente conseguí una entrada para el concierto de Natalia Lacunza el mismo día por la mañana. Fui sola. Camiseta semitransparente, ombligo al aire y sin chaqueta porque el guardarropa valía 4€ y no los quería pagar. Adolescente, who?

También fuimos a ver Cumbres Borrascosas un viernes con la actitud de empacharnos a palomitas, chuches y la bebida gaseosa de preferencia. Bueno, y de disfrutar las vistas que nos ofrecían Jacob y Margot.

Ese sábado, que era San Valentín, vinieron I y A a mi casa. Pedimos comida, y merienda, y luego cena. Pasamos el día charlando, comiendo y viéndolas pasar. Fue el mejor día de todos. Por la noche, C se unió a la cena y trajo cervezas. Volvimos a liarnos. Hicimos amigos en un bar y acabé con ellos en un garito con la música y la gente más random ever. (Side note: Dicen que San Valentín es un buen día para salir si se quiere ligar porque salen solo los solteros, pero aviso que, por lo que vi, en mi opinión, no había muy buen material.)

El domingo me desperté con un antojo irresistible de repetir los dumplings que nos habíamos cenado la noche anterior. Y sucumbí. Otro gran remedio para reviscolar. A la resaca hay que escucharla, no lucharla.

Hay algo en salir de fiesta que roza lo catártico, que me hace desconectar de verdad. Hay algo en decir que sí a otra copa aunque no estés muy segura de querer salir que va en contra del sistema. Es ignorar el tengo que aprovechar el finde y apostar por el vamos a ver qué pasa. Es tomarte la vida menos enserio. Es abrir la puerta a la improvisación, a “perder” el día siguiente. Y estoy orgullosa de haber dicho que sí a todos esos gintónics, porque ha sido decir que sí al no saber lo que va a pasar. Aunque luego la noche no acabase en anécdota.

Entre mis diferentes personalidades, la disfrutona es una de ellas, y hace años que la tengo un poco abandonada. Me divierte beber, bailar y cantar. Y creo que ya lo he dicho demasiadas veces, pero es que es verdad y lo sigo confirmando cada vez que voy: en España soy una persona más divertida. Estaba ya aburrida de salir a tomar algo con la idea de volverme pronto a casa. Porque así soy en Delft, porque no me nace otra cosa.

Así que estoy feliz de haber podido alimentar (o emborrachar) a ese trocito de mí en Madrid. Ese alter ego de 14 años que ha disfrutado los domingos de resaca.

- jú.

nos vemos en insta :)

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Júlia Navarro

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